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Mostrando entradas de marzo, 2022

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La pregunta adecuada para el siglo XXI es la de cuánto podemos persistir con unos elementos institucionales en los que nos hemos acostumbrado a confiar sin darnos cuenta de que ya han dejado de funcionar. Entre esos elementos institucionales incluyo las elecciones periódicas, que continúan siendo la piedra angular de la política democrática, pero también los parlamentos democráticos, el poder judicial independiente y la prensa libre. Es perfectamente posible que todos ellos sigan funcionando como se supone que toca, pero sin cumplir la función que deberían cumplir. Corremos el riesgo de que una democracia vaciada de contenido nos arrastre hacia una falsa sensación de seguridad. Podríamos así continuar confiando en ella y acudir a ella para que nos rescate de los problemas, al tiempo que estaría creciendo nuestra irritación por su incapacidad para responder a nuestra llamada. La democracia, pues, podría caer aun permaneciendo intacta.